La mascota del traductor

Los traductores autónomos, como muchos otros profesionales freelance, no tenemos un horario fijo, sino que más bien trabajamos en función de la intensidad del volumen de trabajo en un momento dado. Y la mayoría suele hacerlo desde su propia casa, donde han habilitado una habitación a modo de oficina. Yo suelo pasar en esa habitación-oficina la mayor parte del día: entre diez y catorce horas (a veces más) los días más intensos y estresantes, y entre seis u ocho horas los días más relajados (al fin y al cabo siempre hay que estar pendiente de si algún cliente nos envía un trabajo, así que en esos días más tranquilos hay que cubrir la jornada laboral igualmente).

Esta entrada va dirigida a todos los traductores autónomos que trabajan en casa en la más completa soledad. ¿No os habéis planteado nunca el tener una mascota, alguien que os acompañe durante las largas jornadas laborales o que os saque por unos momentos del ensimismamiento del trabajo? Ya sé que el tener un animal en casa depende de muchos factores, no sólo del simple placer de tenerlos. Por ejemplo, hay que tener en cuenta la opinión de la pareja o de los compañeros de piso, hay que concienciarse de que cuidar de un ser vivo supone aceptar una serie de responsabilidades bastante serias, como proveerle de agua, comida y de un lugar reservado, hay que realizar una serie de desembolsos económicos y garantizar un mínimo de higiene. La decisión de tener una mascota debe ser considerada con tiempo y siendo conscientes de que se trata de algo serio. Aquí me propongo hablar de las ventajas de tener un animal en casa que nos haga compañía durante las largas jornadas laborales.

Si piensas que las responsabilidades mencionadas más arriba son un inconveniente, está claro que no debes tener una mascota. Es mejor olvidarse del tema y pasar las jornadas de trabajo amenizándose mediante otros medios, con la radio, por ejemplo. Pero si piensas que dichas responsabilidades son intrínsecas al cuidado del animal y estás dispuesto a adaptarte a una nueva vida (porque en realidad la inclusión en la unidad familiar de un animal es realmente empezar una vida nueva), es posible que llegues a disfrutar mucho del nuevo compañero. Lo dice uno que nunca quiso tener mascotas, le daban pavor los perros cuando era pequeño y se fiaba de los gatos igual que los gatos se fiaban de él. Hasta los 18 años sólo disfruté realmente de unas pocas experiencias con mascotas: Ronald Reagan, una pequeña tortuga de agua dulce, y de Copito, un hamster blanco de nariz rosada y ojos rojos. De verdad, nunca me habían llamado la atención los animales domésticos.

Sin embargo, mi vida dio un vuelco el día en que decidimos meter un gato en casa.

Pero un momento. Antes de comentar mi propia experiencia creo conveniente seguir con las ponderaciones acerca de las ventajas e inconvenientes de tener una mascota. Para empezar, ¿cuál sería nuestra mascota ideal? Cada uno tendrá sus preferencias personales, y es muy habitual elegir a la mascota en función de dichas preferencias, pero también es cierto que hay animales que se adecuan mejor según el carácter del dueño. Vamos a verlo hablando un poco de los animales domésticos más habituales.

Los peces. A muchas personas les suele relajar el tener una pecera llena de peces de colores. Suelen disfrutar del tranquilizante ruido del agua burbujeante y quedarse mirando largo rato a estos animales acuáticos del mismo modo que otros miran las ascuas y las llamas del fuego de una chimenea. Los peces son una mascota muy específica no apta para cualquiera, pues el cuidado y mantenimiento de una pecera no es cosa baladí. Hay que cambiar el agua y limpiar los filtros a intervalos regulares —tarea ésta bastante trabajosa—, tener en cuenta la temperatura y nivel de cloro y cal para que los peces, extremadamente sensibles, no se mueran intoxicados o de hipotermia, entre otras muchas más cosas. Por eso creo que tener (y mantener) una pecera debe ser tarea sólo para gente que realmente sienta una predilección por estos animales.

Los roedores. Hamsters, cobayas, ratones, etc. ¿A quién no le han regalado de pequeño un hamster? Los roedores son limpios, silenciosos y no necesitan cuidados especiales. Pueden ser un buen candidato para aquellos traductores que no han sido dueños de mascotas previamente. Aunque a mí desde hace ya algunos años no me gustan los animales domésticos que deben estar enjaulados.

Los pájaros. Tienen las mismas características que los roedores mencionados arriba. No necesitan cuidados extremos, pero a mí personalmente me da bastante pena verlos dentro de una jaula. Además, dependiendo de la especie, pueden resultar molestos si son pájaros cantores.

Los perros. Son fieles, cariñosos, juguetones. Son el animal de compañía por excelencia porque son los que más interactúan con el ser humano. Si está bien enseñado y si se le cuida bien, pronto forma parte de la unidad familiar. No precisan de un cuidado intensivo y generan poco gasto. El único inconveniente (que puede no serlo, ya que como traductor pasamos mucho tiempo en casa) es que es imperativo sacarlo a pasear y a que haga sus necesidades dos veces al día. Si presentimos que no vamos a poder hacerlo hay que descartar automáticamente la idea de tener uno.

Los gatos. Son misteriosos, independientes, juguetones, imprevisibles. Pero, en mi opinión, un candidato ideal para el traductor autónomo que trabaja en casa. No necesitan cuidados especiales, ellos ya se encargan de lavarse, hacer sus necesidades en el arenero, jugar con sus juguetes, explorar la casa y, claro, solicitarnos mimos. No hace falta sacarlos a la calle (es más, de hacerlo, se corre el riesgo de perderlos) ni suelen ser tan intensos como los perros, aunque es verdad que algunos gatos en algún momento de su vida (sobre todo cuando son jóvenes, entre el año y los tres años) suelen requerir del dueño para que lo acaricie, juegue o lo consienta.

Las tortugas. Ocurre un poco como con los peces. Precisan de cuidados especiales sobre todo en lo referente al agua, que debe estar limpia y sin exceso de cal ni cloro. Además, deben contar con una plataforma fuera del agua para que se sequen cuando lo deseen y reciban sus dosis necesarias de vitamina D del sol (no es tontería, es muy importante). Al igual que a nosotros, traductores autónomos, a las tortugas les gusta la compañía, así que si finalmente optáis por una tortuga pensad en proporcionarle uno o dos compañeros (también es muy importante).

Reptiles, arácnidos, terrarios de hormigas, mascotas exóticas. Bueno, sin entrar a hablar de cada animal exótico en particular, hacerse cargo de alguna de estas mascotas implica tener automáticamente conocimientos previos avanzados sobre su alimentación, higiene y, en algunos casos, responsabilidad civil. En ocasiones será de obligado cumplimiento informarse previamente sobre los requisitos legales del lugar o país de residencia que garantizan la seguridad tanto de la mascota en cuestión como la de los vecinos. En mi opinión, no sé hasta qué punto las mascotas exóticas pueden resultar de compañeros de los traductores, pero las menciono porque sobre gustos no hay nada escrito.

Por tanto, en función de mi experiencia, que no es extensa pero que viene sustentada también por tener una hermana apasionada por los animales desde que tiene uso de razón, me atrevería a afirmar que para las personas tranquilas y algo cómodas las mascotas ideales serían principalmente los gatos y los roedores, y para las personas enérgicas y sin complejos todos los demás.

Yo estoy encantado con mi gata. Y eso que a mí nunca me habían gustado los gatos. Siempre me habían resultado demasiado misteriosos, y las pocas veces que tenía ocasión de interactuar con alguno de ellos me llevaba varios arañazos. Sin embargo, un día, Neus, una gata siamesa, entró en casa para quedarse. Y todo cambió. He de decir que no fue fácil. Los animales suelen ser seres de costumbres y Neus tenía siete años y estaba acostumbrada a un entorno específico (el de su antiguo dueño, el vecino, quien por motivos personales no la podía atender más), a unos olores, ruidos y rutinas concretas. Así que le costó acostumbrarse a nosotros. Yo diría que le costó lo mismo que nos costó a nosotros acostumbrarnos a ella. Pero una vez pasado el trance, enseguida se dio cuenta de que podíamos hacerle igual de feliz que en su anterior hogar.

A veces se sube a la mesa de estudio y se pasea entre el teclado y el monitor mientras trabajo, o atrae mi atención maullando para decirme que le falta comida o que hay que limpiarle la arena. Pero estas situaciones, molestas al principio se han convertido en una especie de rutina que, aunque me distrae de los textos y los glosarios por unos momentos, no tienen precio. Aconsejo, pues, a los colegas que trabajen muchas horas en soledad que consideren la posibilidad de adoptar una mascota. Hago hincapié en el término adoptar porque si os decidís a hacerlo, sobre todo si decidís adoptar un perro o un gato, os sugiero encarecidamente que acudáis al centro de animales más cercano, donde os asesorarán en cómo cuidar al animal, le haréis un enorme favor a aquél al que adoptéis y también estaréis ayudando a los voluntarios de esos centros, por lo general, desbordados por la cantidad enorme de animales que se hacinan en sus instalaciones.

Si queréis saber más, aquí os dejo este estupendo enlace del Centro Integral de Acogida de Animales de la Comunidad de Madrid donde se describen varios consejos para elegir una mascota.

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