El autor

Me llamo Daniel González y desde 2004 soy traductor de alemán, inglés e italiano a español.

Con esta introducción voy a contarles a modo de anécdota quién soy y cómo fue el camino evolutivo por el que transcurrió mi vida hasta que decidí hacerme traductor profesional.

Nací en Madrid el 12 de octubre de 1977 y pronto sentí cierta predilección por los temas lingüísticos. Es decir, de pequeño me dedicaba a inventar palabras que sólo yo entendía. Esta pasión lingüística evolucionó con el tiempo y se convirtió en algo serio cuando el segundo año de instituto, contando 14 años, a un gran amigo y a mí nos estuvieron a punto de enviar al director porque no prestábamos caso a la profesora de Historia. El motivo: que mi amigo y yo nos habíamos embaucado en el fascinante reto de hacer una lista de palabras lo más extensa posible que empezaran con la sílaba al (alcurnia, alud, alegría, etc.). La profesora nos pilló cuando llevábamos escritas más de treinta. Nos llamó al final de clase, nos exhortó a que le mostráramos el papel que tanta fascinación nos suscitaba y al ver una lista de palabras que empezaban por al nos exhortó a que le dijéramos lo que estábamos haciendo. Y cuando le explicamos nuestro reto lingüístico nos preguntó seria, casi con solemnidad: «¿tenéis almendra?» La teníamos. «¿Y almohada?». La teníamos también. A este punto mi amigo aseveró con esa franqueza típica de adolescente que como apenas encontrábamos ya palabras que comenzaran por al habíamos resuelto averiguar (o intuir) cuáles de ellas debían tener etimología árabe. La profesora se nos quedó mirando con extrañeza, como si pensara que estábamos locos, y aunque no le pareció mal que perdiéramos el tiempo con asuntos lingüísticos finalmente nos instó a que prestáramos atención a las clases de Historia, que no eran menos importantes.

Al día siguiente, escarmentados por lo ocurrido, decidimos abandonar la lista de palabras que comienzan por al y empezar una lista de palabras anglosajonas que comenzaran por Mc o Mac, un reto éste aún más desafiante. Por ejemplo McLoughlin, MacDonald, McCarthy etc. Como nuestros conocimientos de inglés eran por entonces muy limitados y porque estábamos en plena edad del pavo, la lista comenzó pronto a contener híbridos tales como McArrón, McAgüenlaleche, etc.

Aunque esta es una anécdota curiosa y divertida que siempre recordamos con nostalgia mi amigo y yo, estoy convencido de fue determinante unos años después cuando llegó el momento de acceder a la universidad. Finalmente decidimos estudiar Filología; en mi caso Filología Italiana y en el suyo Filología Árabe. Nuestros caminos se separaron parcialmente en la Universidad Complutense de Madrid, ya que compartíamos algunas clases juntos que eran obligatorias para todas las Filologías, como Lengua Española o Teoría de la Literatura.

No sé si para mi suerte o desgracia a mitad de carrera me di cuenta de que lo que yo quería hacer era traducir. Estaba contento con la Filología, pero sentía que me faltaba algo. Me resultaba una carrera en cierto modo estática frente a lo excitante que resultaba la traducción. Yo ya había comenzado a traducir por mi cuenta del alemán y del italiano al español una gran cantidad de textos que me resultaban atractivos o interesantes, muchas veces como un reto para poner a prueba mis conocimientos lingüísticos adquiridos en el extranjero, otras veces como un mero entrenamiento.

Uno de los textos que empecé a traducir con más ilusión fue la versión italiana del libro de Haruki Murakami «Tokio Blues» que por aquel entonces (en 1998) no existía en español. Dejé abandonada la traducción tras haber completado más de ochenta páginas porque un amigo traductor me informó sobre dos cosas importantes que en mi inmadurez traductológica yo no había tenido en cuenta: a) ninguna editorial compraría una traducción de un libro de alguien anónimo que para más inri no se basó en la lengua original de la obra (aunque con lenguas difíciles como la japonesa se suelen hacer algunas excepciones existiendo muchas traducciones del inglés o del francés) y b) era posible que surgieran problemas derivados por los derechos de autor de la versión italiana.

Pero estaba decido a ser traductor y, por eso, mientras cursaba todas las asignaturas relativas a la traducción que había en el plan de estudios de Filología Italiana seguía traduciendo textos por mi cuenta. Tras una experiencia de un año en Alemania, habiendo adquirido un buen nivel en la lengua de Goethe sopesé la idea de cambiarme a la carrera de Traducción e Interpretación que se había creado recientemente en el Centro de Estudios Superiores Felipe II, en Aranjuez. Al final resolví que no quería perder los años cursados en la Complutense y en 2002 terminé Filología Italiana con especialización en Lengua y Literatura alemanas. Aquella fue una decisión muy difícil pero de la que a día de hoy no me arrepiento en absoluto.

Mi primera oportunidad profesional en el mundo de la traducción ocurrió en 2004 durante mi segunda permanencia en Alemania. Por aquel entonces, con cinco años de estancia en el país germano y uno en Italia como estudiante Erasmus, con la carrera terminada, un par de prácticas en traducción y unos años de experiencia laboral en varias empresas, un amigo mío alemán, propietario de una escuela de idiomas y él mismo traductor autónomo en sus ratos libres, me propuso mi primer encargo de traducción: un manual de instrucciones para un dispositivo GPS. Tras ese encargo llegó otro y luego otro, dando inicio a una relación profesional que continúa hasta el día de hoy. Gracias a esta oportunidad pude orientar mi currículum hacia el mundo de la traducción y poco a poco empecé a recibir trabajos de otros clientes hasta que el volumen de encargos me obligó a establecerme como autónomo.

Ya estoy llegando al final, pero veo que me he alargado más de lo previsto. Por lo tanto, en lo que queda seré breve. Para terminar sólo quería añadir que en este blog sobre traducción —o debería decir sobre mi experiencia como traductor autónomo—, uno más de los muchos que hay en Internet, sólo me propongo hablar sobre este oficio que tanto me apasiona y aportar así mi granito de arena al igual que hacen un gran número de profesionales excelentes de los que he aprendido trucos o recibido consejos sobre el oficio. Si este blog puede resultar mínimamente útil a algún interesado en el mundo de la traducción veré satisfechos mis propósitos.

7 pensamientos en “El autor

  1. Hola Daniel,
    Empiezo felicitándote por tu blog y por el espíritu de colaboración que hay detrás de él.
    Parece que dentro de poco yo estaré en una situación similar a una tuya del pasado: compatibilizar trabajillos de traducción con mi trabajo estable de jornada completa en una oficina.
    No hay suficientes perspectivas de trabajo aún para pensar en poder asumir los gastos mensuales que acarrea el darse de alta como traductor autónomo. Pero por otro lado los clientes requieren que yo pueda emitir facturas. ¿Tú como lo hacías?
    Saludos,
    Mj

    • Hola, María José:

      Gracias por tu comentario y la felicitación, es una motivación más para seguir compartiendo cosas en este blog con los colegas traductores o los interesados por el mundo de la traducción.

      No creo poderte contestar con información adecuada porque mi situación fue un poco diferente a la que tú me cuentas. Yo trabajaba en Alemania como empleado en una empresa del sector dental cuando empecé a realizar traducciones para el conocido de una empresa. Las dos primeras traducciones me las pagaron sin necesidad de hacerles yo una factura, pero al tercer proyecto me pidieron que les mandara factura. Lo que hice fue darme de alta como autónomo y facturar a ese único cliente que tenía. Después, por motivos que no vienen al caso, regresé a España. Sin darme de baja en autónomos en Alemania busqué un trabajo como empleado y continué alternando ambos regímenes. Dos años después, decidí dejar el trabajo de empleado y establecerme como autónomo a tiempo completo en España, por lo que también me di de baja como autónomo en Alemania.

      Te recomiendo que, si no estás en la lista Traducción en España (enlace: http://www.rediris.es/list/info/traduccion.html), te registres y hagas esta misma consulta a los compañeros, que seguramente alguno se habrá visto en esa tesitura. Después, yo te recomiendo que llames a Hacienda y preguntes esta duda. No te asombres si no te la saben contestar, pero de todas formas llama para contrastar la información que te den en la lista (que suele ser más completa y fiable incluso que la que te puedan dar en Hacienda misma).

      Siento no poder ser más concreto, pero como digo, nunca me he visto en la situación que describes.
      Espero que puedas resolver tu duda muy pronto y te deseo mucha suerte.

      Un saludo,
      Daniel

  2. ¡Hola, Daniel!

    Acabo de descubrir tu blog y veo que tienes unas cuantas entradas más que interesantes. Ya me he suscrito, así que te leeré pronto de nuevo. ¡Enhorabuena por tu iniciativa, ya veo que te va bastante bien! 🙂

    Saluditos,

    Pablo

    • ¡Hola, Pablo!

      Es un honor tenerte por aquí. Yo llevo siguiéndote desde hace muuucho tiempo (te tengo pillado por el «feed», jeje) y debo confesarte dos cosas: que no he comentado más que una vez en tu blog (pero espero corregir eso) y que muchas de tus entradas me han sido de mucha ayuda e inspiración. Gracias por pasarte, es una gran motivación.

      Un abrazo,
      Dani

      • 😀 😀 😀

        ¡Muchas gracias! Je, je, no te preocupes, yo también soy bastante “lurker”… Me alegro de que mi blog te haya servido de ayuda e inspiración: ¡seguro que las tuyas también lo son para mí, que no tengo tanta experiencia en el mundo de los autónomos como tú!

        Saluditos,

        Pablo

      • Pues nada, intentaré hacer más entradas sobre lo que sé acerca del mundo del traductor autónomo, por si es de alguna utilidad a otros compañeros traductores.

        Un saludo,
        Dani

      • hooola danieel saluudos bien bueno e amo el ingles el italiano y me encantaria estudiar idiomas y musica me identifico con eso saludos :3

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